La próxima carrera de la inteligencia artificial se jugará en la energía
Ayer dediqué cerca de una hora y media a escuchar con atención la entrevista de Elon Musk con Zanny Minton Beddoes, editora jefa de The Economist. Más allá de las posiciones que cada persona pueda tener sobre Musk, varias de sus afirmaciones reforzaron algunas ideas que he venido planteando sobre inteligencia artificial, productividad, empleo y transformación económica. Musk considera que en aproximadamente cinco años la inteligencia artificial podría superar la suma de la inteligencia humana y que, en una década, quedarían pocas actividades intelectuales que una máquina no pudiera realizar mejor que nosotros. Es importante aclarar que esta es una predicción suya y no una fecha sobre la cual exista consenso científico. Entrevista completa
La conversación conecta con una pregunta que considero fundamental. Si Internet democratizó el acceso al conocimiento y la inteligencia artificial empieza a democratizar la capacidad de ejecutar tareas técnicas, ¿qué ocurrirá cuando esa inteligencia se integre masivamente con la robótica y también pueda intervenir en el mundo físico? Musk imagina una economía en la que la automatización produzca tal abundancia que el trabajo pueda incluso convertirse en algo opcional. Frente a la pregunta sobre cómo vivirían las personas si una proporción importante del empleo desapareciera, utiliza el concepto de universal high income, un ingreso universal alto. No presenta un modelo económico detallado para alcanzarlo, pero la idea conduce inevitablemente a una discusión sobre empleo, pensiones, tributación y distribución de la riqueza.
Sin embargo, hubo otro punto de la conversación que llamó particularmente mi atención. La gran limitación de la inteligencia artificial podría terminar siendo profundamente física. Según Musk, fuera de China la restricción empieza a estar más relacionada con electricidad y refrigeración que con la propia disponibilidad de chips. Podemos producir procesadores cada vez más potentes, pero todos necesitan centros de datos, redes eléctricas, sistemas de refrigeración y generación suficiente para mantenerse funcionando.
Los datos internacionales muestran que esta preocupación no es solamente una intuición. La Agencia Internacional de Energía estima que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos podría pasar de aproximadamente 485 TWh en 2025 a cerca de 950 TWh en 2030, prácticamente duplicándose en cinco años. El consumo relacionado específicamente con centros de datos orientados a inteligencia artificial podría triplicarse durante ese mismo periodo. (iea.org)
Aquí aparece una paradoja interesante. La inteligencia digital puede crecer a velocidades extraordinarias, pero la infraestructura física no. Un nuevo modelo puede desarrollarse en meses y un centro de datos puede construirse en pocos años, mientras que levantar centrales de generación, construir líneas de transmisión, instalar subestaciones y conseguir todas las autorizaciones necesarias suele requerir mucho más tiempo.
La historia de la inteligencia artificial demuestra además que su crecimiento nunca ha sido completamente lineal. Ya hemos vivido los denominados inviernos de la IA, periodos en los que las expectativas superaron las capacidades reales de la tecnología, disminuyó el interés y se redujo considerablemente la financiación. Stanford recuerda cómo durante la década de 1980 muchas de las promesas de los sistemas expertos no pudieron cumplirse y la industria atravesó uno de esos periodos de enfriamiento. (ai100.stanford.edu)
El próximo invierno, si algún día ocurre, podría ser diferente. No necesariamente llegaría porque dejemos de saber cómo construir modelos más inteligentes, sino porque descubramos que no tenemos suficiente infraestructura energética para operarlos a la escala que imaginamos.
Y es aquí donde Colombia debería empezar a prestar especial atención.
Nuestro país tiene una matriz que podría convertirse en una ventaja estratégica. Según la UPME, en julio de 2026 el 74,19 % de la capacidad instalada del Sistema Interconectado Nacional correspondía a fuentes hidráulicas, solares y eólicas, mientras que la capacidad instalada conjunta de proyectos solares y eólicos alcanzaba 4.654,31 MW. En un mundo donde los grandes centros de datos necesitarán enormes cantidades de electricidad y al mismo tiempo buscarán reducir sus emisiones, disponer de una matriz con una participación renovable considerable puede convertirse en un activo económico importante. (upme.gov.co)
Pero tener una matriz relativamente limpia no significa automáticamente disponer de toda la energía firme y la infraestructura que necesitará una economía intensiva en inteligencia artificial. Colombia continúa dependiendo considerablemente del recurso hídrico. En julio de 2026 los embalses destinados a generación se encontraban en 79,99 % de su volumen útil, pero los aportes hídricos de comienzos de agosto estaban apenas en 59,94 % de la media histórica. (xm.com.co)
Existe además una señal estructural que considero aún más importante. La Resolución 567 de 2026 de la UPME recoge análisis de XM que identifican un balance deficitario entre la demanda anual de energía y la energía firme durante el periodo comprendido entre 2026 y 2030, además de necesidades relacionadas con infraestructura de transmisión. Esto no significa que Colombia vaya necesariamente hacia un racionamiento. Significa que el propio sistema de planeación reconoce que generación firme y redes deberán crecer para responder a la demanda futura. (gestornormativo.creg.gov.co)
Y el consumo ya está aumentando. En julio de 2026 la demanda eléctrica nacional alcanzó 7.701,41 GWh, un crecimiento del 6,49 % frente al mismo mes de 2025. Todo esto ocurre antes de que Colombia tenga una industria de centros de datos e inteligencia artificial comparable con los grandes polos tecnológicos mundiales. (xm.com.co)
Por eso nuestros líderes deberían empezar a hacerse una pregunta distinta. ¿Estamos planeando el sistema energético colombiano para la economía que tenemos hoy o para la economía que queremos tener dentro de diez o veinte años?
Si Colombia quiere convertirse en un actor relevante en inteligencia artificial, no bastará con formar programadores, comprar GPUs, crear centros de innovación o elaborar políticas sobre datos. Necesitaremos generación adicional, energía firme, almacenamiento, transmisión, subestaciones, conexiones rápidas y una red capaz de suministrar electricidad de manera estable durante las veinticuatro horas.
También tendremos que superar una discusión demasiado simple entre fuentes renovables y convencionales. La inteligencia artificial necesita energía limpia, pero también necesita que sea abundante, estable, competitiva y disponible permanentemente. La energía solar puede producir enormes cantidades durante determinadas horas, la hidroelectricidad aporta flexibilidad pero depende del agua y el almacenamiento puede complementar ambas. La discusión estratégica debería centrarse en construir una combinación capaz de garantizar sostenibilidad y confiabilidad.
Colombia podría encontrar allí una oportunidad. Tal vez nuestra principal ventaja en la carrera mundial de la inteligencia artificial no esté en intentar fabricar inmediatamente los chips más avanzados ni en competir en inversión con Estados Unidos o China. Puede estar en convertir nuestro potencial hídrico, solar y eólico en energía efectiva, confiable y competitiva para atraer centros de datos, infraestructura de cómputo y nuevas industrias digitales.
En la economía industrial una carretera podía transformar la competitividad de una región. Después ocurrió algo semejante con la fibra óptica. En la economía de la inteligencia artificial, un megavatio de energía firme disponible en el lugar correcto también puede convertirse en infraestructura tecnológica.
Después de escuchar a Musk quedé todavía más convencido de que estamos observando la inteligencia artificial desde una perspectiva demasiado estrecha. Primero pensamos que era una revolución del software. Después descubrimos que era una revolución del trabajo. La robótica demostrará que también es una revolución industrial y ahora empezamos a comprender que puede convertirse igualmente en una revolución energética.
Si Musk se equivoca y estas transformaciones tardan más de lo previsto, Colombia seguirá necesitando modernizar su sistema eléctrico. Si tiene razón y ocurren mucho más rápido, hacerlo será todavía más urgente.
Podemos llegar tarde a la carrera por los grandes modelos y encontrar otras oportunidades. Podemos no fabricar los chips más avanzados y participar en otros eslabones de la cadena. Pero si dentro de diez años la electricidad se convierte en uno de los principales recursos estratégicos de la economía de la inteligencia artificial y Colombia continúa enfrentando retrasos de transmisión, dificultades de conexión y dudas sobre su energía firme, habremos perdido una ventaja que todavía estamos a tiempo de construir.
Quizá el próximo invierno de la inteligencia artificial no llegue porque las máquinas hayan dejado de aprender. Podría llegar porque nuestra infraestructura física no consiga avanzar a la misma velocidad que nuestra inteligencia digital.
Y si Colombia realmente quiere ocupar un lugar importante en la era de la IA, prepararnos para ella también significa empezar desde hoy a construir la energía que la mantendrá encendida.
Fuentes y referencias
